Ciertamente es complicado a veces separar unos mundos de otros. Este relato quizás sea demasiado personal, quiero decir que sólo los que pertenecían a cierta Lista de Distribución puedan legar a captar los guiños que encierra a los conocidos personajes pero esto ocurrirá a lo largo de varios relatos. Sería complicado editar una guía de personajes o ir añadiendo explicaciones de las cosas que ocurren. Permítame el lector dejarlo tal y como en su día fue escrito, sea al menos un homenaje a mis camaradas.


Una figura bajita y regordeta entró en la ahora vacía y silenciosa Lista de Posada. Apenas se podía distinguir su figura en la oscuridad que reinaba allí. Seguro que usted, avispado -y escaso- lector habrá pensado que se trataba del mismísimo cardenal Roque Fort López o de alguno de su secuaces empecinados en dañar la lista, raptar a alguien o, peor aún, comerse el jamón que Patán guarda en la despensa; pero no, no era el caso, se trataba de Gonzala. Gonzala fue contratada hace mucho tiempo para limpiar los locales de reunión de la Lista de Posada (y de Chez Mariposa pero no liemos las cosas que seguro que hay algún asunto turbio y no se trata del vino de Albanel. Capaz es Clarín de iniciar una investigación a ver quién pagaba y cuánto). Hacía tiempo que no había limpiado, de hecho, nunca para ser exactos debido a que siempre había encontrado todo esto lleno.
– Maaaaaaaaaadreeeeeeeeeeeeeeee cómo está estoooooooooooooo!!! -gritó en la oscuridad-. Hay telarañas hasta en la sopa que Pirx se dejó a medias antes de que llegara la temida canícula. Mira, mira allí, en el perchero, tres enanas de Merlín llenas de polvo. ¿Y allí? Puf, pero si es una de las sotanas de PikoTropo, se identifican porque son muy cortas, de hecho él inventó la minisotana y hasta la puso de moda. Estaba harto de tener que abrochar tantos botones, dijo él, pero era mentira porque todo el mundo sabe que llevaba imperdibles.
Gonzala encendió una vela tras comprobar que la luz no iba porque no se había pagado los recibos de estos últimos meses. Se asustó aún más y se ajustó el pañuelo de la cabeza para estar más a gusto. Le gustó su aspecto y se prestó a limpiar lo justo pero digno. (Estarán de acuerdo conmigo que es una estrofa digna de una canción y el que no lo esté ya puede irse a que le raspen el ombligo).
– Lirola la la liiii, larí, laráaaa, la la… -cantaba ahora Gonzala-. Limpio la posadita, lara lará larita.
Se fijó en el desorden una vez más; panfletos rojillos de Clarín encima de la nevera, las pantuflas de Patán dentro de ella. Había enaguas de rana en uno de los rincones, libros sin hojas de Caronte (como no tiene ojos…), había también un ahora vacío cuenco que contuvo leche, sin duda se trataba de un objeto de Samantah, se sabía por el olor a sardinas y porque su nombre estaba escrito en él, mal escrito pero estaba. Un cepillo lleno de rojos cabellos y ocho botellas vacías de Passport demostraban que Annnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnn, había vuelto también aunque ahora no estaba o tenía lag como siempre. Cuatro pares de gafas y un tratado sobre «la cultura del buen saber que no hacer en casos y cosas en un monte de obejas y avejas» dejaba muestra notoria que Sonnja también se había largado a caniculear (rima con cierto verbo inventado por Clarín, curioso) por esos garajes de Dios.
Un objeto punzante llamó su atención y se acercó a él para abrillantarlo. Se trataba de una daga que sobresalía de entre los cortinajes. La cogió con delicadeza de la punta y empezó a pasarle un trapo. Primero la hoja, la cruceta después, la empuñad…
– ¿Eh?. Una daga con mano incluida en empuñadura! -exclamó con sorpresa y sordera a causa de un accidente cuando era joven- Que realismo, que perfección, que manicura más bien hecha. Y continúa en un brazo y el brazo en un señor alto que… (música de tensión)
Los cortinajes habían sido descorridos y la figura descubierta y se veía una faz cubierta que más bien necesitaba de andamiajes (las bellas estrofas son como las desgracias, nunca vienen solas, he aquí otra digna prueba). Un extraño aroma invadió toda la Lista de Posada y casi llegó hasta cuatro listas de Yahoo que había cuatro bytes más abajo. Debido a la luz que le daba en la espalda no se distinguía apenas sus facciones; su rostro era algo nebuloso y su cabello, si lo hubiera tenido, habríase visto brillar. Ahora brillaba también pero por su ausencia. El brazo unido a la mano y ésta a la daga se alzó de improviso y en pleno aire lo soltó. El cuchillo quedó al caer y tras hacer un par de cabriolas, dignas de Coren cuando se ha trajinado más de tres bebedizos, clavado en el suelo, muy cerca de Gonzala que se desmayó de la impresión.
-Ahhhhhhhh -suspiró Gonzala al caer (de acuerdo, no es una gran frase pero si se estaba desmayando no iba a recitar «Seis horas con Mario») de bruces al suelo. Su plumero quedó al lado del cuchillo y sus pies uno al lado del otro. Una mano, de extendido índice, quedó señalando hacia los cortinajes y la otra en su… en su… estoooo… bueno, la otra no. La figura de poco pelo aprovechó la ocasión.